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Nos reunimos alrededor de 15 ó 20 personas. A veces hacemos una ronda
inicial. Generalmente yo hablo para introducir el tema. Vamos a aprender
a darnos cuenta y a valorarnos. ¿A darnos cuenta de qué? De nuestros
sentimientos, de nuestras necesidades.
También vamos
a aprender a discriminar, a discernir, entre lo que sentimos y lo que
pensamos, porque sentimos y pensamos y muchas veces eso no es claro.
También vamos a aprender a discriminar entre lo que es mío y lo que
es tuyo en relación con los espacios. Mi espacio, tu espacio, mis derechos
y los tuyos. Dónde termino yo y dónde empiezas tú.
Para que este aprendizaje se dé, yo voy a tener que hacer algunas intervenciones,
señalamientos acerca del lenguaje. Y como nos vamos a equivocar porque
no hay otra manera de aprender, vamos a incorporar la aceptación de lo que no sabemos o no es cómo nosotros queremos, tratando de no
criticarnos por eso, o de observar nuestra parte crítica con compasión.
Estamos tratando de aprender a no sufrir y a ser más felices. Mucho
sufrimiento viene de la autocrítica y la intolerancia con nosotros mismos.
Ahora aprendemos a observar con amor y sin críticas para llevar
de la mano y amorosamente a nuestros aspectos no crecidos para que puedan
cambiar. Vamos en cámara lenta observando detalles de nuestro lenguaje
y de las formas de expresión de nuestro cuerpo.
Observamos
sus bloqueos, y con suavidad y con amor y dándoles el tiempo que necesitan
los llevamos a conocer otros estados más placenteros, más abiertos,
más vitales donde la energía circula y nos torna vivos y alegres, dispuestos
al disfrute de nuestro cuerpo y de la vida.
Nuestro cuerpo es la sede de las emociones, así que le prestamos especial
atención y cuidado. Lo escuchamos, lo atendemos. Aprendemos a hacerlo
a través de los ejercicios o experiencias vivenciales que propongo.
Todo el laboratorio es una vivencia. A veces usamos música y mucho contacto
con las demás personas para descubrir cómo es esta interacción, qué
despierta en mi el otro, y qué despierto yo en los demás.
Siempre con conciencia de qué siento y qué necesito. Exploramos cómo
me ven los demás. Para esto creamos un clima de aceptación y no crítica,
así el grupo resulta un soporte y las personas pueden mostrarse como
son. Propongo varias consignas para esto y al final de cada una nos
sentamos en ronda y hablamos de lo que pasó. Y yo observo lo que está
pasando.
Aprendemos a conectarnos con el Presente, lo que sentimos en cada momento
y a aceptar los cambios. La necesidad de expresión y ser escuchado es
básica en el ser humano, como la necesidad de amor y de contacto. Y
cuando esto está logrado a nivel físico y emocional, también necesitamos
discriminar a nivel mental y conectarnos con la realidad, lo obvio,
y discriminarlo de lo que supongo pero no es tan real, es mi fantasía.
¿Quién soy? Soy todo lo que siento y pienso, soy un ser que se expresa
y soy mucho más.
Soy una frecuencia vibracional y esta conciencia transpersonal la tengo
en cuenta en cada trabajo para llegar a lo mejor de cada persona, aunque
éste no sea el objetivo manifiesto de este encuentro.
Los temas que se tratan dependen de los emergentes. Si alguno necesita
trabajar algún tema personal lo hace, o no, tiene libertad para esto.
En la parte final, el tercer día trabajamos específicamente la autestima,
aprendemos a perdonar y perdonarnos, valorar al otro y valorarnos a
nosotros mismos, reconociéndonos como una dignidad.
Así hasta que llegamos al final y trabajamos lo que es el cierre y la
despedida del contacto. ¿Cómo hacemos esta despedida? (los duelos) ¿Podemos
quedarnos y permanecer en la emoción y darnos tiempo o preferimos abandonar?
Acá aprendemos a poder irnos sin abandonar ni ser abandonados.
Por eso necesitamos tiempo. Aprendemos a conectarnos los seres humanos
vivos, emocionados y a despedirnos. O simplemente aprendemos con amor que es el único maestro.
Mi primera experiencia de participación en un laboratorio
de identidad con Mabel, fue una profundísima revelación.
Es la primera vez que comprendí con todo mi ser (cuerpo, emociones,
mente y espíritu) lo que era estar conmigo y con el otro en contacto
real. Un profundo cambio, (tan profundo como decir, que mi posición
en la vida y en mi trabajo como terapeuta ya no pudo ser igual) este
cambio tiene que ver con "sentir" las emociones en el cuerpo, no "pensarlas"
con la mente, como tan acostumbrada estaba por mi formación universitaria.
Si tengo que hacer clara figura en este momento, hay tres aspectos
importantísimos
que modificaron mi ser:
- Discriminar
lo que soy yo, de lo que son los otros.
- Discriminar lo que pienso
de lo que siento; y
- Discriminar
que necesidad es diferente a demanda.
Creo que es mucho más, pero hay un momento en que el lenguaje no alcanza
para describir una vivencia, justamente ahí, en ese lugar donde la experiencia
se hace integradora y decimos simplemente "¡Ah! ¡Esto es!" Estoy profundamente
agradecida por transitar este cambio de crecimiento, donde el cuidado
y el amor enmarcan y nutren toda la tarea.
Lic. Cristina Greco
La experiencia
dura tres días, no todo el tiempo, pero es acumulativa. Nos reunimos
un viernes de 19 a 24hs. Y luego el sábado y el domingo de 10 a 20hs.
Son 20 horas de estar juntos, guiados en este aprendizaje vivencial
soportativo.
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